viernes

Mis poemas

No es un poema pero creo que este texto me ha quedado con un rollo entre prosa lírica y rozando la poesía:

Me gusta que me despierten con un abrazo impetuoso, cuando estoy adormilada y lo onírico se funde con la realidad brumosa, cuando mi respiración es una canción de cuna. Me gusta sentir que alguien piensa en mí inesperadamente, me besa en la nuca o me acaricia como si fuera un membrillo en extinción. Me gusta abrir las manos y cerrarlas con fuerza animal para sentir la sangre correr como un volcán.

Me gusta sentirme amada, lo que tarda en dar la vuelta el minutero de un reloj de cuco olvidado. Me gusta disfrazarme de odalisca, desnudarme lentamente delante del espejo, sentir cómo me mira alguien sin querer. Me gusta.

No me gusta madrugar, los ruidos que no sé de donde vienen y retumban en mi cama, incitándome a pisar la vida. No me gusta caminar por el día incierto y volver a empezar, no me gusta la verdad abrupta. No me gusta despedirme, dejar atrás momentos sostenidos en el aire. No me gusta.

Me gusta que las horas se deslicen, sentir el viento rozando mi cabello, una mano firme y suave que me lleve de paseo, no distinguirme con los sauces que esperan al río transmutarse en riachuelo. Me gusta sentir que soy del bosque como una Ayalga más, encontrarme con conejos y mariposas, perseguir el humo de una chimenea lejana, oler a horno de leña, salir del reino de los edificios vacíos por fuera y llenos por dentro.

No me gusta mirar el reloj, obedecer a los hombres altos y con corbata. No me gusta aburrirme, dejar mi cuerpo olvidado en un rincón. No me gusta bajar al trastero mental donde viven entumecidos la culpa y el rencor, ni subir al desván neuronal a encontrarme con las ilusiones y esperanzas cándidas.

Me gusta ser invisible, no me gusta ser objeto de disección; me gusta guardar secretos, no me gusta que los demás decidan por mí; me gusta la sublime belleza de lo sencillo, no me gusta delinear mi destino. Me gusta amar y no me gusta que me castiguen. Me gusta llevar la vida de un vate porque me purgo ahondando en el dolor desusado. Me gusta la soledad a sorbitos y el vértigo vital.

Me gusta relamer la vida y no quiero conocer a Abadón.

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