viernes

Frases

"La literatura se vive con la pasión de una oportunidad única y se convierte en un asunto de vida o muerte" Soledad Puertolas

jueves

Mis poemas


X & Y


Mi duermevela: tú.
Anoche nos bebimos el uno al otro.
Y sueño tu cuerpo hoy.
Tu duermevela: yo.
Ya sé sumar tú más yo: dos.

lunes

Frases y citas célebres


"Al cabo de los años he observado que la belleza, como la felicidad, es frecuente. No pasa un día en que no estemos, un instante, en el paraíso." Borges

viernes

Mis poemas

No es un poema pero creo que este texto me ha quedado con un rollo entre prosa lírica y rozando la poesía:

Me gusta que me despierten con un abrazo impetuoso, cuando estoy adormilada y lo onírico se funde con la realidad brumosa, cuando mi respiración es una canción de cuna. Me gusta sentir que alguien piensa en mí inesperadamente, me besa en la nuca o me acaricia como si fuera un membrillo en extinción. Me gusta abrir las manos y cerrarlas con fuerza animal para sentir la sangre correr como un volcán.

Me gusta sentirme amada, lo que tarda en dar la vuelta el minutero de un reloj de cuco olvidado. Me gusta disfrazarme de odalisca, desnudarme lentamente delante del espejo, sentir cómo me mira alguien sin querer. Me gusta.

No me gusta madrugar, los ruidos que no sé de donde vienen y retumban en mi cama, incitándome a pisar la vida. No me gusta caminar por el día incierto y volver a empezar, no me gusta la verdad abrupta. No me gusta despedirme, dejar atrás momentos sostenidos en el aire. No me gusta.

Me gusta que las horas se deslicen, sentir el viento rozando mi cabello, una mano firme y suave que me lleve de paseo, no distinguirme con los sauces que esperan al río transmutarse en riachuelo. Me gusta sentir que soy del bosque como una Ayalga más, encontrarme con conejos y mariposas, perseguir el humo de una chimenea lejana, oler a horno de leña, salir del reino de los edificios vacíos por fuera y llenos por dentro.

No me gusta mirar el reloj, obedecer a los hombres altos y con corbata. No me gusta aburrirme, dejar mi cuerpo olvidado en un rincón. No me gusta bajar al trastero mental donde viven entumecidos la culpa y el rencor, ni subir al desván neuronal a encontrarme con las ilusiones y esperanzas cándidas.

Me gusta ser invisible, no me gusta ser objeto de disección; me gusta guardar secretos, no me gusta que los demás decidan por mí; me gusta la sublime belleza de lo sencillo, no me gusta delinear mi destino. Me gusta amar y no me gusta que me castiguen. Me gusta llevar la vida de un vate porque me purgo ahondando en el dolor desusado. Me gusta la soledad a sorbitos y el vértigo vital.

Me gusta relamer la vida y no quiero conocer a Abadón.

miércoles

Mis poemas

A-le-te-o

El aleteo de nuestras pestañas
se confunde con las mariposas
que se doblan en el riachuelo:

"te-quie-ro"

lunes

Libro recomendado: Pulgarcita



Pulgarcita-La Sirenita. Hans Christian Andersen. Ediciones SM. 2005. Madrid. PVP:11,75€

De pequeña lo que más me gustaba era leer cuentos -antes de dormir- y que me leyeran cuentos -sino no comía-. Por casualidad todos los cuentos que me regalaban eran de Andersen. Me acuerdo que los memorizaba y me sentía la protagonista de cada historia que leía: El patito feo, El soldadito de plomo o La Sirenita; pero por encima de todos mi preferido siempre fue Pulgarcita, una niña valiente y que sufre hambre, soledad, frío y numerosas aventuras. Un cuento con final feliz pero ni ñoño ni romántico sino regado con retos y personajes de fábula que fortalecen a una minúscula criatura que quiere ayudar a los demás, ser amada y pertenecer a un lugar o a un grupo animal-social.

" [...] Sí, era un tulipán, no había duda, pero sentada en el pistilo verde central había una niña muy pequeña, una niña realmente preciosa, no mayor que un dedo pulgar, y por ese motivo la llamaron Pulgarcita."

Imagino que hubo momentos en que no sabía distinguir la realidad de la ficción y que deseé con fuerzas ser esa protagonista que acaba teniendo alas; con mis siete años bañados de ilusiones, como Pulgarcita, viajaba en busca de mi sitio y huyendo de sentirme partida por la mitad.

"[...] Pulgarcita temblaba de la cabeza a los pies, tan grande era su espanto: el pájaro era grandísimo en comparación con ella, que no era mayor que un pulgar. Pero tras hacer acopio de todo su valor, volvió a colocar el algodón alrededor de la pobre golondrina y, tras tomar la hoja de menta que le servía de manta, la puso sobre la cabeza del pájaro."

El cuento de Pulgarcita o Almendrita o Thumbelina fue escrito en el siglo XIX por el danés Hans Christian Andersen. Escritor (lector devorador de la obra de Shakeaspeare) y poeta de orígenes humildes, herido por la muerte de su madre, llegó a ser también cantante de ópera. Logró fama y éxito en vida y disfrutaba viajando por toda Europa, incluso publicó varios libros de viajes, uno de ellos dedicado a España. Casi un siglo después se creó un premio, en su honor, de literatura infantil.

Pulgarcita recorre un bosque de Dinamarca, sobrevive a varias estaciones y conoce a muchos animales, sapos, ratas, abejorros, topos, mariposas, peces; unos simpáticos, otros odiosos pero su verdadera y leal amistad la entabla con una golondrina quien agradecida será la llave de su destino y le presentará al ángel de las flores.
FIN

jueves

Mis poemas

Mis poemas en Little Becky escuela de creación alternativa.

Me llena de satisfacción y orgullo comunicar que Little Becky ha decidido publicar un par de poemas míos.

Agradecida y emocionada escribo estas palabras tan manidas como una masa de harina.

Para leer la selección de poemas se pincha en el siguiente link:

http://creacionalternativa.blogspot.com/p/blog-de-los-alumnosas.html

miércoles

Frases y citas célebres

"Todo lo que vemos o parecemos es solamente un sueño dentro de un sueño." Edgar Allan Poe

viernes

Cuento: Una visita inesperada

Horacio permanecía inmóvil sobre su cama, con las sábanas desordenadas y empapadas en sudor; las persianas, casi cerradas, dejaban escapar unos destellos de luz; y la puerta del dormitorio estaba cerrada, olía fuerte, a vida. De lejos llegaban retazos de conversaciones de los vecinos, golpes de platos contra tazas y el sonido de sus pensamientos pesados.

Era sábado, pasaban las once de la mañana y hacía frío, las navidades de 2011 estaban cerca y Ana como todos los días, abrió la puerta de la habitación de golpe, tropezó con unos vaqueros –ay, siempre igual, todo por el suelo, ¡Horacio!-, subió las persianas gastadas y le vio hecho un ovillo en la cama , lo balanceó con fuerza, se resistía a salir de su revuelta guarida, hasta que al final se destapó y dijo –ya estoy despierto, déjame tranquilo que ya me levanto-.

Ana le miró con dulzura, salió de la habitación arrastrando los pies hasta la cocina, había preparado el desayuno: leche, cacao, té, tostadas, miel, un par de mandarinas, un zumo de limón y una jarra de agua, todo estaba colocado estratégicamente, según su tamaño. Horacio apareció frotándose los ojos y refunfuñando, llevaba un batín con una parte del cinturón más larga que la otra, manchado de restos de pasta de dientes y un cómic en un bolsillo.

Al ver el desayuno se le iluminó la cara y cambió el gesto, besó a su madre, Ana; quien tarareaba junto a la ventana contemplando los rosales que sobrevivían al invierno milagrosamente.

-Algún día echaré de menos tantas atenciones, es demasiado buena conmigo, hasta cuando no lo merezco- , pensó Horacio para sus adentros con pesadumbre.

Se sentó en la silla de madera y empezó a desayunar, cogió el cómic, se lo sabía de memoria, Los cigarros del Faraón de Tintín, leía y daba bocados a las tostadas de miel, esos minutos se abstraía del mundo que le rodeaba desde hacía un año, medicinas, pruebas médicas eternas y ese olor esterilizado que sobrevolaba el aire de su casa; tenía que aceptar la realidad pero la impotencia estaba mermando su alegría.

Horacio estaba de vacaciones, las clases del colegio habían terminado y tenía todo el tiempo libre que quisiera para entretenerse en Internet, quedar con los amigos para jugar al pócker o ir al cine con esa amiga especial de la que apenas hablaba pero cuya fotografía iba de un lado a otro de su mesa de estudio. Se sentía contento por haber cumplido los 16 años, era el último de la pandilla y sus amigos se metían mucho con él por ser el pequeño aunque también por envidia, era el que más ligaba de todos. Tenía un buen porte, casi metro noventa de altura, unas bonitas manos, un cuerpo musculoso y una sonrisa heredada de su madre, no podía quejarse. Sin embargo, lo mejor era su alegría contagiosa, su lealtad y hasta el mal genio que le servía para defenderse.

Ana tenía casi cuarenta y cinco años, menuda y con el pelo muy oscuro, siempre sonreía aunque estuviera sufriendo un dolor intenso, se había separado hacía un par de años pero su ex lejos de ser su enemigo era su amigo y en estos momentos su confidente. Estaba sola pero se sentía acompañada por su hijo y su hermano mayor recién casado, sus padres fallecieron cuando nació Horacio y casi lo prefería de ese modo.

Un enorme sofá con un par de cojines, la televisión y una pequeña librería formaban el salón. Ana estaba limpiando, cogía los marcos de fotos y no podía evitar mancharlos con sus lágrimas, demasiados recuerdos y personas a las que no volvería a ver más. En su frente se podría leer un cartel de rabia por saber que le quedaba poco tiempo.

Cuando a Horacio le dijeron que su madre tenía cáncer no supo qué decir, qué hacer ni la manera de reaccionar, se quedó petrificado, un sudor frío trepó desde su cuello hasta el final de la espalda, se le secó la garganta y por fin, lo dejaron solo en la sala del hospital. Lloró con furia y aguantando la desesperación, sabía que tenía que aceptar la realidad pero el dolor por lo que sucedería no le dejaba hablar ni moverse.

Ana le había dicho que ellos no iban a despedirse, eso sí, había preparado una carta que le daría su tío. Horacio se ponía de mal humor cuando ella le decía que tenía que asumir la realidad y seguir hacia delante con sus miedos y sus ilusiones. El techo de su cuarto tenía un agujero por el que podía ver los cables de la luz, a veces le gustaría engancharse a ellos para recibir una descarga y desahogar su ira contra el destino.

En aquel piso pequeño pero lleno de ventanales por los que la luz invadía cada rincón, siempre sonaba la música, desde Brahms hasta Michael Jackson pasando por The Beach Boys y desde hacía un año esta costumbre no había cambiado. Los sábados era Horacio el encargado de seleccionar la música, conectaba su Ipod a la minicadena y cantaba solapando a los grupos de pop de la época de su madre, ese día sonaba And Your Dream Comes True de The Beach Boys.

Ana preparaba la comida para ambos, por la tarde tendrían que salir a una merienda familiar, si ella se encontraba con fuerzas, disposición no le faltaba pero tenía que cuidarse.

Horacio disfrutaba comiendo, su madre era una gran cocinera aunque sólo hacía bien diez platos, intentaba que no se notara, inventaba salsas, distintas maneras de cocinar, al vapor, en el horno y siempre ponía un pequeño plato de patatas fritas de acompañamiento, quizás debería haber tomado más verdura pero ahora era tarde.

Ana canturreaba en la pequeña y estrecha cocina, las baldosas blancas y negras del suelo eran la imagen de su vida, plagada de inmaculados recuerdos y con un futuro negro, no para ella sino para los que dejaba en la tierra. Si no tuviera fe, su viaje sin retorno no sería lo mismo, aceptaba con ira que en cualquier momento su corazón dejaría de latir y no vería más a su hijo.

Horacio estaba animado, tenía vacaciones y su amiga especial le había dicho que sí a ir al cine con él por la noche, verían una película de miedo, lo que más le gustaba. Abrió el armario y se le cayó encima un montón de ropa, camisas arrugadas, camisetas viejas y un jersey para ocasiones especiales, los cajones rebosaban calcetines y tras dar un vistazo rápido eligió el modelo que se pondría para ir al cine. A pesar de la irremediable realidad, su madre le animaba a que saliera e hiciera sus planes.

Olía a sopa recalentada de verduras con fideos, la televisión estaba puesta y ya no oía canturrear a su madre ni ningún golpe de la vajilla, como una baraja de naipes en equilibrio Horacio se derrumbó ante lo que intuía. Dejó la ropa en el suelo y fue en dirección a la cocina temblando y llamando a su madre –mamá, mamá, ¿está lista la comida?- No recibió respuesta alguna, sólo silencio.

Cuando llegó a la puerta de la cocina vio asomar las piernas de su madre, se le había caído una zapatilla roja y el pelo enmarcaba su cara llena de dulzura inerte, estaba dormida y no despertaría jamás. Horacio se echó a sus pies sin parar de llorar como un niño pequeño, pensaba en la pérdida tan grande que ya era real y en que no pudo despedirse. Tendría que leer esa carta maldita, donde seguramente su madre le diría -sé feliz porque te estaré cuidando siempre-.

jueves

miércoles

Mis poemas

Dar

Voy a colmar tu paisaje hercúleo de arrebatos de toffe.
Volcaré mi néctar purificante, inocente y salvaje en esas manos

que vuelan cuando las estrellas se callan.

Te colmaré de dulces horas y
nos enroscaremos en un nosotros cósmico,

hasta más allá del infinito añil brillante,e,e,e.

Libro recomendado: Seda

Seda Alessandro Baricco. Ed. Anagrama. 1997, Barcelona. PVP: 10,50€

Alessandro Baricco periodista y fundador de la escuela literaria Holden (en homenaje a J. Salinger) nos transporta desde la provenza francesa del siglo XIX hasta el Japòn más lejano.

Relata como una brisa, empujando las páginas, los viajes de Hervé Joncour y sus encuentros con la cultura oriental y uno en concreto que le cambiará la vida.

La incertidumbre campa por este evocador cuento o novela corta en la que un comerciante francés de gusanos de seda, casado y ávido por encontrarse a sí mismo, viaja hasta Japón en busca de aquel tesoro milenario.

Los adjetivos y las imágenes como pinceladas de lo que sienten los personajes alimentan al lector que quizás tiene prisa por leer, en estos días de horarios infinitos, pero al que le sucederá lo contrario, querrá detenerse en cada párrafo de Seda.

El final desvelador de lo que estaba semi oculto desde el primer momento, permitirá aprehender el amor sacrificado, la pasión, la melancolía, el deseo y la creatividad que están en todos los actos humanos, aunque a veces ser y parecer no sea lo mismo.

martes

Frases y citas célebres

"Todos piensan en cambiar el mundo, pero nadie piensa en cambiarse a sí mismo." León Tolstoi